José
Manuel Calderón estuvo varias temporadas siendo una figura destacada
en un equipo sin aspiraciones en la NBA. Aterrizó en la mejor liga
del mundo tras haber saboreado lo que es estar en equipos con grandes
aspiraciones, por lo que en Toronto le tocó vivir un reto distinto,
como es aprender a luchar por nada. Pero esa experiencia le sirvió
para adaptarse a la liga y hacerse un nombre en ella. Jugaba sin
presión.
Tras
un efímero e insustancial paso por Detroit, llegó a Dallas. Un
equipo campeón pocas temporadas atrás, con una megaestrella como
Nowitzki, y con un equipo plagado de grandes jugadores como Monta
Ellis, Vince Carter o Shawn Marion. Los Mavericks al fin tenían
aspiraciones de llegar lejos después de conseguir aquel anillo. Y
José Calderón iba a ser el director. Estaba claro que no eran el
mejor equipo, y que no iban a estar entre los primeros puestos de un
durísimo Oeste. Pero si algo tenían en Dallas era equipo y
experiencia para ganar a cualquiera una vez llegados los playoff. Sin
embargo, cruzarse en primera ronda con quienes a la postre serían
campeones, los Spurs, truncó el sueño de los Mavs. Eso sí,
plantando mucha cara y vendiendo muy cara su eliminación. Para Calde
la temporada fue buena, ya que volvió a vivir lo que es estar en un
equipo con aspiraciones, pero nuevamente sin presión, ya que no se
les exigía más que llegar a playoff y batallar, cosa que hicieron.
A
pesar de todo, los Mavericks parece que no acabaron de ver a Calde
como director. Sus números en anotación se mantuvieron, pero en
asistencias disminuyeron ostensiblemente hasta promediar 4.7 por
noche, la segunda peor marca del extremeño desde que aterrizase en
la NBA. Tal vez por ello le han incluido en un traspaso en el que
consiguen otro base como Raymond Felton (mucho peor que Calderón,
todo sea dicho) y un pívot de renombre como Tyson Chandler.
Y
con este movimiento llega el gran reto para el base español, que
aterriza en unos New York Knicks ávidos de regresar a la élite. Al
contrario que los equipos en los que ha militado, la franquicia
neoyorquina es, probablemente, la que más exige y presiona de toda
la liga. Sus seguidores no han visto a los suyos pisar una final de
conferencia en lo que va de siglo. Y eso, se nota.
José
Manuel Calderón llega a Nueva York no se sabe muy bien para qué.
Con la incógnita de Carmelo, agente libre y que parece que volará a
otro destino, la franquicia tendrá que buscar un líder que pueda
llevar las riendas del equipo. La marcha de Tyson Chandler,
precisamente en el traspaso de Calde, deja también un hueco
importante en la pintura. Quedan ahí dos nombres importantes como
Amare Stoudemire y Andrea Bargnani, pero su rendimiento va a menos y
ya no son lo que eran. En el caso del italiano, en realidad nunca ha
llegado a rendir como el número uno de draft que es.
El
verano es largo y habrá que ver lo que le depara a los Knicks, que
con Phil Jackson en la mesa de dirección, seguro que reconstruyen la
franquicia y logran un equipo competitivo. De momento lo único que
parece seguro es que el timonel de ese renovado equipo será un
Calderón que está ante el reto más importante de su carrera:
conquistar la “Gran Manzana”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario