domingo, 6 de julio de 2014

El gran reto de Calde



José Manuel Calderón estuvo varias temporadas siendo una figura destacada en un equipo sin aspiraciones en la NBA. Aterrizó en la mejor liga del mundo tras haber saboreado lo que es estar en equipos con grandes aspiraciones, por lo que en Toronto le tocó vivir un reto distinto, como es aprender a luchar por nada. Pero esa experiencia le sirvió para adaptarse a la liga y hacerse un nombre en ella. Jugaba sin presión.

Tras un efímero e insustancial paso por Detroit, llegó a Dallas. Un equipo campeón pocas temporadas atrás, con una megaestrella como Nowitzki, y con un equipo plagado de grandes jugadores como Monta Ellis, Vince Carter o Shawn Marion. Los Mavericks al fin tenían aspiraciones de llegar lejos después de conseguir aquel anillo. Y José Calderón iba a ser el director. Estaba claro que no eran el mejor equipo, y que no iban a estar entre los primeros puestos de un durísimo Oeste. Pero si algo tenían en Dallas era equipo y experiencia para ganar a cualquiera una vez llegados los playoff. Sin embargo, cruzarse en primera ronda con quienes a la postre serían campeones, los Spurs, truncó el sueño de los Mavs. Eso sí, plantando mucha cara y vendiendo muy cara su eliminación. Para Calde la temporada fue buena, ya que volvió a vivir lo que es estar en un equipo con aspiraciones, pero nuevamente sin presión, ya que no se les exigía más que llegar a playoff y batallar, cosa que hicieron.

A pesar de todo, los Mavericks parece que no acabaron de ver a Calde como director. Sus números en anotación se mantuvieron, pero en asistencias disminuyeron ostensiblemente hasta promediar 4.7 por noche, la segunda peor marca del extremeño desde que aterrizase en la NBA. Tal vez por ello le han incluido en un traspaso en el que consiguen otro base como Raymond Felton (mucho peor que Calderón, todo sea dicho) y un pívot de renombre como Tyson Chandler.

Y con este movimiento llega el gran reto para el base español, que aterriza en unos New York Knicks ávidos de regresar a la élite. Al contrario que los equipos en los que ha militado, la franquicia neoyorquina es, probablemente, la que más exige y presiona de toda la liga. Sus seguidores no han visto a los suyos pisar una final de conferencia en lo que va de siglo. Y eso, se nota.

José Manuel Calderón llega a Nueva York no se sabe muy bien para qué. Con la incógnita de Carmelo, agente libre y que parece que volará a otro destino, la franquicia tendrá que buscar un líder que pueda llevar las riendas del equipo. La marcha de Tyson Chandler, precisamente en el traspaso de Calde, deja también un hueco importante en la pintura. Quedan ahí dos nombres importantes como Amare Stoudemire y Andrea Bargnani, pero su rendimiento va a menos y ya no son lo que eran. En el caso del italiano, en realidad nunca ha llegado a rendir como el número uno de draft que es.

El verano es largo y habrá que ver lo que le depara a los Knicks, que con Phil Jackson en la mesa de dirección, seguro que reconstruyen la franquicia y logran un equipo competitivo. De momento lo único que parece seguro es que el timonel de ese renovado equipo será un Calderón que está ante el reto más importante de su carrera: conquistar la “Gran Manzana”.

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